Nuevos relatos para leer en el autobús


En uno de mis paseos por la Feria del Libro de este año lo vi: Cuentos del Vigía había recopilado en un volumen los relatos que a lo largo de 2009 recibieron, a razón de uno al mes, las personas que viajaban en autobús en Granada.

El Vigía, el nombre con el que firmo mis previsiones de inversión y algún que otro artículo; Granada, a la que me sentí tan ligado durante unos años de mi juventud y relatos, un género que cada vez me gusta más…no dudé en comprarlo. La idea de repartir cuentos para leer en el autobús también me parece excelente.

Son trece relatos. Este verano los he ido leyendo poco a poco, uno al día, a veces dejando más de un día intermedio. Creo que no es bueno darse atracones de relatos; te acabas haciendo un lío. Sobre todo si son una recopilación de autores diferentes .

La nómina de autores impresiona: Francisco Ayala, Ana María Moix, Ignacio Martínez de Pisón, Luis Mateo Díez, Clara Obligado, Fernando Iwasaki,… ¡Qué suerte tuvieron quienes vivían en Granada en esa época!

Como en toda recopilación unos relatos pueden resultar más agradables, otros más sorprendentes, con más o con menos hallazgos formales, con finales inesperados o previsibles. Pero el conjunto merece la pena.

Han sido algunos de mis buenos ratos de este verano.


4 respuestas a “Nuevos relatos para leer en el autobús”

  1. Los 17 relatos recogidos en el «Anecdotario» de Drakcelona (ISBN: 9788494246999) también se pueden leer en el bus… y en el metro, y en el avión, y en la cama… Diversión asegurada.

  2. Una buena idea lanzarse a los relatos cortos en el final del verano. Sabiendo que llega la vuelta al trabajo no me apetecía comenzar una novela larga que tener que leer con dos cabezas distintas, la relajada de las vacaciones y la estresante de de la vuelta al trabajo.

    Carla
    http://www.lasbolaschinas

  3. ¡Qué bien que alguien mencione esta gran iniciativa que hubo en Granada!

    Recuerdo bien cuando se podían coger en el bus, que siempre esperaba emocionada al siguiente, me encantaban. Lo curioso es que aunque por supuesto más gente los cogió, nunca nadie lo hizo delante de mí y mis amigos y conocidos ni sabían de su existencia. Cuántos buenos ratos me dieron esos pequeños librillos que de hecho aún conservo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.