Mis lecturas de la cuarentena. Ficción (y III)


Con estos tres de hoy acabo de comentar los nueve libros de ficción que leí durante la cuarentena. De nuevo dos de ellos están escritos por mujeres.

Portada de La chica que vivió dos veces, de David Lagercrantz. (FOTO: E:Madinaveitia)

Hace ya más de diez años que me enganché, como tanta gente, a la trilogía Millennium, de Stieg Larsson. Recuerdo que los comentaba con mi madre y que lo mencioné aquí cuando ella cumplió sus noventa años.

Cuando la familia de Larsson decidió continuar con el negocio y encargó a  David Lagercrantz continuar con la serie no me pareció bien. Pero piqué (mis compañeros del Gabinete de Investigación le llamaban a esto el efecto Zeigarnik: se quiere terminar aquello que has empezado) y continué leyendo.

No es lo mismo, pero los personajes de Lisbeth Salander y Mikael Blomqvist siguen manteniendo el interés; ahora con la hermana gemela de Salander y las historias de la factoría rusa de creación de bulos. Se deja leer; la terminé en pocos días.

Portada de La cara norte del corazón, de Dolores Redondo. (FOTO: E.Madinaveitia)

Le tocó luego el turno a La cara norte del corazón, de Dolores Redondo. La subinspectora Amaia Salazar (la de la trilogía del Baztán) está en Estados Unidos haciendo un curso con el FBI cuando surge el caso de un posible asesino múltiple de familias y le piden ayuda en su resolución. La acción se desarrolla en Nueva Orleans justo en los días en que el huracán Katrina asola la ciudad, lo que complica enormemente las investigaciones. En este caso los mitos y leyendas vascos se ven sustituidos, aunque no del todo, por los zombies y santeros de la ciudad del Golfo de México.

Me pasó algo parecido que con mi primera lectura de la cuarentena: se me hizo excesivamente larga.

Mi última novela durante la cuarentena fue El olor del bosque, de Hélène Gestern. Era mi primer contacto con esta autora francesa. El libro me lo trajeron mi hija y mi nieto en su primera visita, cuando aún no sabíamos muy bien si nos podíamos juntar, incluso poniendo las infinitas precauciones que pusimos.

Portada de El olor del bosque, de Hélène Gestern. (FOTO: E.Madinaveitia)

Se trata de un libro largo, de casi ochocientas páginas, pero me encantó. A partir de un hecho aparentemente sencillo: la protagonista, historiadora de la fotografía y las postales, recibe  de una anciana el encargo de catalogar las cartas que su tío Alban de Willecot, escribió desde el frente a su amigo Anatole Massis, famoso poeta simbolista. Massis no ha podido ir al frente porque arrastra una lesión que le impide hacer vida normal.

Con esa sencilla premisa, la autora escribe una novela apasionante, en la que se mezclan las cartas y la historia de los dos corresponsales, con la vida personal de la protagonista, que atraviesa un momento complicado, y con una serie de personajes secundarios muy interesantes.

El libro acaba siendo también un alegato contra el absurdo de aquella Primera Guerra Mundial, aparente capricho de unos generales de los dos bandos, en muchos casos ineptos, que no entienden el nuevo mundo de máquinas y trincheras y acaban considerando traidores a sus mejores hombres.

Una novela muy recomendable. Otra vez una buena recomendación por parte de Modesta Librería.


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