Elogio de la estabilidad


Desde que en 2015 los partidos no fueron capaces de llegar a los acuerdos necesarios para formar Gobierno y hubo que repetir las elecciones hemos vivido una temporada de gran inestabilidad.

La situación en Cataluña, con el desafío independentista, introducía más intranquilidad.

Y desde el terreno internacional, con unas interminables negociaciones para el brexit y las guerras, no sólo comerciales, que nos trae cada poco tiempo el presidente de Estados Unidos, tampoco paran de llegar elementos desestabilizadores.

Nada de eso es bueno para la inversión publicitaria que, aunque lleva cinco años consecutivos de crecimiento, muestra una prudencia excesiva.

En los últimos años se observa una tendencia a mantenerse a la expectativa en la primera parte del año y reservar las inversiones para un momento más propicio en la segunda. Siempre existe el riesgo de que ese momento más propicio nunca llegue, o cuando llegue ya no sea el más adecuado para los objetivos de la campaña. Esos retrasos perjudican a los medios, que sufren en sus ingresos, pero también a las marcas, que no realizan en el momento adecuado la comunicación que necesitan.

Papeletas y mesas electorales el 26 de mayo. (FOTO: E.Madinaveitia)

Tras las elecciones del 28 de abril, los panelistas de Zenith Vigía parecen esperar una estabilidad algo mayor, no tanto porque el Gobierno vaya a tener mayor apoyo parlamentario como porque la oposición tendrá que cambiar de estrategia para recuperarse.

Si fuera así, y viviéramos un periodo más estable y menos crispado, la economía (que mantiene unos indicadores muy sanos, con el mayor número de empleados de la historia de España) y la inversión publicitaria, lo agradecerían.

Estaría bien que, por una vez, los políticos se dedicaran a velar por los intereses del país y de sus habitantes y se olvidaran de poner palos en las ruedas para que se estrelle el Gobierno (cuanto peor, mejor) y con él los españoles.

La estabilidad, ese bien tan complejo, pero tan deseable.

(*) Este artículo se publicó en el número de junio de la edición en papel de la revista IPMark. Está escrito en el periodo comprendido entre las elecciones de abril y las de mayo. Las semanas transcurridas desde estas últimas no parecen confirmar la impresión de que vayamos hacia una mayor estabilidad, pero hay que dar tiempo al tiempo


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