Capital e ideología, de Thomas Piketty


Seguramente es el libro más largo que he leído nunca, al menos entre los de no ficción: más de 1.200 páginas, con un tipo de letra bastante pequeño.

Cuando empezó el confinamiento ya lo había empezado a leer pero, como lo iba alternando con otros libros, no lo terminé hasta entrado ya el verano. Por cierto, durante el confinamiento me llamó la atención que este libro fuera uno de los elegidos por Pablo Casado como parte del decorado de sus videoconferencias.

Capital e ideología es un tratado sobre la desigualdad, su origen, sus causas y las maneras en que se puede tratar de reducirla.

Con el habitual despliegue de datos estadísticos y evoluciones de indicadores al que nos tiene acostumbrados Piketty, va mostrando cómo la desigualdad ha existido en todas las culturas a través de la historia, tanto en las sociedades ternarias de las primeras civilizaciones, como en las estamentales de la Europa medieval, en la India de las castas o en las sociedades propietaristas de la Europa industrial que surge a partir del siglo XVIII.

Portada de Capital e ideología. (FOTO: E.Madinaveitia)

El autor destaca el hecho de que la Francia de “Liberté, egalité, fraternité”, que surge de la Revolución no es precisamente uno de los estados más igualitarios de la historia, pese a incluir la igualdad en su trilogía de ideas base.

La tesis del autor es que la desigualdad no tiene raíces económicas o tecnológicas, sino políticas e ideológicas. Las grandes crisis, especialmente las posguerras del siglo XX, han sido los momentos en los que la desigualdad ha disminuido más. En cambio, a partir de los ochenta de la caída de los regímenes comunistas y el repunte neoliberal con Reagan y Tathcher, la desigualdad vuelve a crecer en todo el mundo y en casi todos los países, incluidos los que se siguen denominando comunistas.

Me llamó la atención el hincapié que hace Piketty en el hecho de que, cuando se elimina la esclavitud en algunos países en el siglo XIX, se compensa económicamente a los dueños de los esclavos, pero nadie se plantea compensar a los esclavos liberados por sus años sin libertad.

Otra de las ideas que recorren el libro es la falacia del ascensor social: en casi todos los países las familias más ricas ahora son las mismas que lo eran hace dos siglos; en muchos casos lo son desde la edad media. Desde un punto de vista lógico, y sociológico, no tiene mucho sentido que alguien sea rico toda su vida, aunque no haga nada,  simplemente porque un antepasado suyo, hace quince generaciones, fuera un gran guerrero.

Otro punto interesante es que, prácticamente en todas las sociedades, en todas las épocas, haya algo parecido a una nobleza militar y una clase sacerdotal (que no trabajan ni pagan impuestos) y luego una tercera clase llana, que trabaja por todos y es la que paga sus impuestos para mantener todo el tinglado.

Básicamente Piketty plantea dos soluciones para reducir la desigualdad: un impuesto de sucesiones importante y un impuesto progresivo para las grandes fortunas. Junto a ello establece una dura crítica a los paraísos fiscales y al dumping fiscal que realizan algunos países, incluso dentro de la Unión Europea.

Otro tema que me ha llamado la atención es el del Ingreso Mínimo Vital (con diversos nombres según los países). Algo que en España nos parece tan novedoso y tan de izquierda (incluso extrema) está establecido desde hace años en una gran parte de los países de Europa, en muchos caso por gobiernos de derecha.

Un libro sumamente interesante, con propuestas y muchas ideas sobre las que pensar, esté uno de acuerdo o no.

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