Zapatillas deportivas y cambio social


No hace tantos años de aquella canción de El canto del loco: Yo quiero entrar en tu garito con zapatillas, que no me miren mal al pasar

Ayer fuimos a la Feria del Libro. Como últimamente ando mucho, tengo una ampolla en un dedo del pie. En contra de mi costumbre me puse mis zapatillas, unas Nike no exactamente de la última temporada.

Después de pasar la tarde en el Retiro y con unas cuantas bolsas de libros en las manos, nos fuimos a cenar en un restaurante normalito del barrio de Salamanca.

Para teminar el día decidimos ir a tomar una copa a uno de los sitios que se supone están más de moda en este momento. Nos habían hablado bien y no lo conocíamos.

Hace mucho tiempo que no salíamos. Mi mujer me miró a los pies y dijo: tendrás que ponerte entre nosotros para que no vean que llevas zapatillas y no te dejen entrar.

No hubo ningún problema para entrar en un local abarrotado, que habría tenido mil disculpas para no dejarnos entrar: la edad, el atuendo,…

Mi sorpresa, o no tanto, fue que dentro del local lo raro era ver a hombres con zapatos. Las mujeres sí: todas subidas en altísimos tacones, pero los hombres, la mayoría de los hombres, llevaban deportivas. Eso sí, mucho más modernas que las mías.


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