Mis lecturas de la cuarentena: Ficción (II)

El Vigia 7 julio, 2020
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Seguramente estaríamos ya a mediados de abril, un mes después de iniciado el encierro, cuando empecé a leer Los años ligeros, de Elizabeth Jane Howard. Se trata del primero de los cinco tomos de las Crónicas de los Cazalet. Creo que la primera vez que supe de esta saga fue a finales del verano pasado, leyendo una crítica de la recientemente fallecida Belén Bermejo. era una de esas críticas que te incitaba a leer. Compré en seguida el primer tomo, para probar, pero fue en una de esas temporadas en los que acumulas más libros comprados que tiempo para leerlos. Ahora sí: ya había llegado el momento.

La portada de Los años ligeros, de Elizabeth Jane Howard, es tan atractiva como el contenido. (FOTO: E.Madinaveitia)

Los Cazalet son una familia británica acomodada; la acción transcurre en la segunda mitad de los años treinta, cuando empieza a anunciarse la agresividad de la nueva Alemania que crece alrededor de Hitler y en Gran Bretaña se intuye la posibilidad de una guerra, con el miedo a los bombardeos e incluso a una invasión. Las historias de las tres generaciones de la familia se van entrelazando de una manera admirable, con sus intrigas amorosas, sus especulaciones económicas y los problemas del día a día. Especialmente en el verano, cuando todos comparten la misma casa en el campo. Me llamó la atención que en ningún momento saliera en sus conversaciones la Guerra Civil Española, que tenía lugar en aquellos momentos.

No voy a decir si el libro me gustó, sólo que me he comprado los otros cuatro de las Crónicas para leer este verano.

Sin darme cuenta (no lo he hecho hasta empezar con este recuento) encadené cuatro libros escritos por mujeres. Muy diferentes entre sí, pero todos interesantes.

Portada de Leyendas y banderas, de María Santórum. (FOTO: E. Madinaveitia)

Leyendas y banderas, de María Santórum, fue un regalo del Olentzero las pasadas navidades en Vitoria. El Olentzero suele regalarme libros de autores vascos, muchas veces alaveses, que pocas veces conozco, pero casi siempre tiene éxito en su elección.

En Leyendas y banderas, un guardia civil, camuflado como investigador de las tradiciones y el folklore vasco llega al valle de Kuartango, en el occidente de Álava, para desenmascarar a un supuesto grupo terrorista. Son los últimos años de ETA y todo es posible, incluso en un valle poco poblado y supuestamente alejado del conflicto. Los acontecimientos se van sucediendo y en paralelo descubrimos algunas de las leyendas vascas más arraigadas. El final es sorprendente, aunque en este caso sí hemos ido teniendo pistas que nos lo podían anticipar. Una novela interesante y muy bien llevada.

Si a eso añadimos mis recuerdos de los paseos con mi padre por el campo en Kuartango durante mi infancia y adolescencia, el placer, en mi caso, alcanzó un grado aún mayor.

Portada de La madre de Frankestein, de Almudena Grandes. (FOTO E.Madinaveitia)

He seguido a Almudena Grandes desde sus comienzos hace ya más de treinta años con Las edades de Lulú, aquel sorprendente premio Sonrisa vertical a una novela fuertemente erótica de una escritora entonces muy joven. Así que, si en los dos casos anteriores era mi primera experiencia con la autora, en el de La madre de Frankestein me enfrentaba a alguien con quien he compartido muchos buenos ratos a lo largo de mi vida. En este caso se trata del quinto, y al parecer penúltimo, de los Episodios de una guerra interminable, el empeño galdosiano de la autora sobre las consecuencias de la Guerra Civil, y especialmente de la postguerra.

La madre de Frankestein es Aurora Rodríguez Carballeira, la madre de Hildegart, la niña prodigio concebida como experimento, a la que finalmente asesinó porque no se adaptaba a sus aspiraciones. En realidad es un personaje secundario de la novela, que transcurre en los años cincuenta en el manicomio de Ciempozuleos en el que está internada. La historia central del libro trata de la relación entre un médico psiquiatra formado en Suiza y una auxiliar de enfermería nacida y criada en el propio hospital psiquiátrico, a la que Aurora enseño a leer de niña.

Aunque la clave real son las penurias que se vivían en aquella España de fuertes condicionamientos religiosos y políticos, con un clasismo muy marcado.

Pura Almudena Grandes. No voy a descubrir nada, a quienes nos gusta, nos gusta casi todo lo que escribe. Y también hay gente a la que no le gusta nada; yo sospecho que han leído pocas de sus novelas.

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El Vigia

Empecé en el Gabinete de Investigación de Audiencia de RTVE donde fui uno de los primeros profesionales españoles en investigar audiencias, empleo del tiempo o metodologías de investigación.
A partir de 1991 trabajo en Zenith (que entonces se llamaba Central Media). Zenith es una agencia de medios líder en investigación y eso tiene mucho que ver con mi trabajo y con los excelentes equipos que siempre me han acompañado.

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