Gracias, Miguel

El Vigia 9 julio, 2018
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Tenía que escribir mi columna de cada mes en IPMark; había pensado un par de temas entre los que decidir; sólo faltaba encontrar el enfoque y, en esas, me llegó la triste noticia: había fallecido Miguel de Haro. El gran Miguel, el responsable, entre otras cosas muchísimo más importantes, de que yo escriba estas columnas.

Creo que conocí tarde a Miguel, aunque parte de su obra (esta revista IPMark, por ejemplo) la conozco desde muchos años antes. Repaso detalles de su biografía: cuando empezó a jugar un papel relevante en el marketing de nuestro país (un marketing que ni siquiera sabía que lo era) yo era casi un niño; la mayoría de quienes ahora pueden leer este artículo, no habían nacido. Cuando participó en #Jubilarte, mi intento de añadir contenido a la jubilación, decía que:

nuestra amistad se pierde en la noche de los tiempos.

Yo no me habría atrevido a decirlo si no fuera repitiendo sus palabras: ser amigo de Miguel de Haro es un honor que no sé si podría reivindicar, pero si él mismo lo decía…

Para mí Miguel era un grande, un ejemplo a seguir. Le conocí cuando llegué a este lado del negocio publicitario, le traté algo más cuando, durante varios años, formé parte del jurado de los premios de la AEPP que él presidía. Creo que él fue uno de los pocos que vio que la prensa gratuita venía a sumar y no restaba sino que añadía valor a lo que ya existía.

Subí un peldaño más en la escala cuando, ya en este milenio, me pidió ayuda cuando estaba haciendo su tesis doctoral: revisé algunos de sus textos y algunos datos en los que, por supuesto, no tuve que introducir ninguna corrección: todo estaba bien; la visión de Miguel era la adecuada. Superaba con creces los ochenta años pero no había perdido un ápice de sus lucidez.

A raíz de eso, nuestros contactos para perfilar algunos datos que utilizó en su tesis doctoral, estrechamos aún más unos lazos que existían aunque no fuéramos del todo conscientes. De nuestras citas en El Espejo, enfrente de la Biblioteca Nacional dónde él daba los últimos retoques a su tesis, salieron estas columnas en las que no sé si he contribuido a dar algo más de sentido a IPMark, una de las obras más importantes de la vida de Miguel de Haro.

Me gustaría que fuera así.

 

Como comento en este artículo, Miguel de Haro participó en el libro colaborativo #JubilARTE, que publiqué hace algo más de un año. Creo que me quedé sin decirle que Joana Ruiz de Olabuénaga, la hija de uno de los autores que cita eb¡n su texto, trabajó unos meses en mi equipo. Le habría gustado saberlo.

En la primera versión de JubilARTE reproduje todos los textos exactamente como me los habían enviado los autores. Uno de ellos me llamó la atención: no debes incluir los elogios que te hagan. Tenía razón y los eliminé en la versión definitiva. Aquí lo mantengo porque creo que justifica lo que digo en mi texto.

Reproduzco a continuación la colaboración de Miguel:

 

¿QUÉ HAGO EN TIEMPO DE JUBILACIÓN?

 

  1. ¿Qué es jubilación?

He prometido a Eduardo Madinaveitia participar en su proyecto “Invita a un jubilado a tu mesa”. A Eduardo no se le puede negar nada. Es merecedor de respuestas positivas. Nuestra amistad se pierde en la noche de los tiempos. Siempre hemos contado con sus brillantes escritos para IPMARK. Saca tiempo de donde no lo hay. La idea que propone es feliz, grata,  simpática, comprometida, jocosa; e, incluso, hasta puede servirnos de guía de vida en la última etapa de nuestra vida. Abro mi corazón y pongo a disposición de todos mis vivencias, tropiezos y cavilaciones sobre el arte de vivir la jubilación, advirtiendo con el autor de El vidente y lo oculto, Rainer Marie Rilke, que hay que pensar con el corazón, porque el corazón  es la máquina del ritmo, es la máquina de la precisión, es la máquina de la vida. Y también –añado- puede ser la máquina de la jubilación.

¿Qué es la Jubilación? ¿Qué es jubilarse? Huyo de las definiciones. No hay que esperar a tener muy depurado el término para hablar sobre él. Más que el concepto preciso nos interesan nuestras vivencias y las ajenas. Sobre ellas se puede construir, si se quiere, toda una amplia teoría.iencias con ese espacio de nuestro tiempo que llena la última etapa de nuestra vida, sobre el que caben muchas cavilaciones interrogativas. ¿Jubilarse es envejecer? ¿Es igual para todos? ¿Es el declive de la vida? O, por el contrario, es un puro divertimiento o ¿es el olvido de unos y de otros como clama el salmista?: Has alejado de mí, amigos y compañeros/ y son mis parientes las tinieblas. (88,19)/ Has alejado de mí a mis conocidos/me has hecho para ellos abominables/ Estoy encerrado y no tengo salida. (88,9). ¡¡¡No!!! Ortega y Gasset la resumiría como una circunstancia que el hombre asume en un espacio concreto de su vida: “Yo y mis circunstancias”. La jubilación depende de mí. La jubilación es lo que cada uno es y sus circunstancias.

Mi jubilación: ¿Qué hago? ¿Cómo la vivo?

A finales de 1999, el 22 de diciembre, perdí a  María, mi mujer, víctima de un cáncer de mama. Yo acababa de cumplir 72 años, metido en nuevos proyectos empresariales, entre ellos la edición de una nueva cabecera, Restauración News, que suponía entrar en un mercado inicialmente desconocido. En tiempos de dolor, el trabajo es un buen compañero de viaje. La palabra jubilación no existía en mi vocabulario. Bien situada la publicación, dos años más tarde, apareció un nuevo reto, muy propio de las empresas familiares, la sucesión del fundador. A mi hijo Jaime le gustaba el oficio de editor y las tareas propias del marketing y la publicidad. Era el sucesor mejor situado. Se ocupó de la dirección general, a la vez que me creó un problema personal ¿Qué proyecto podía poner en marcha con este regalo de tiempo libre? Algo importante, subyugador, ilusionante: la tesis doctoral. ¡La tesis doctoral¡ Otro gran reto. Me subyugaba la idea de volver a la Universidad, que había dejado en 1983, después de siete años como profesor encargado de curso en la Facultad de Ciencias de la Información, en la Universidad Complutense. Volvía en 2009 para completar, como alumno, los cursos de doctorado de la Pontificia de Salamanca, campus de Madrid. La tesis doctoral, mi sueño olvidado. Aquello ya era en sí una jubilación. Todo el tiempo largo que duró su preparación ha sido tiempo de disfrute y alegría. Sin prisas, sin agobios, con meticulosidad arrancaba ideas de sus obras, aprovechables para la mía, a autores que iban desde Platón y Aristóteles a Víctor Pérez-Diaz, Adam Smith, Chaves y Monzón, Norberto Bobbio, María Zambrano, Adela Cortina, Karl Marx, Cohen y Arato, Peter Drucker, Theodore Levitt, Lester M. Salamon, Ruiz Olabuenaga, V. Havel, Alain Tourain, Alexis Tocqueville y así hasta un número superior a los 500 autores. Y, sobre todos ellos, George William Friederich Hegel, que me dio más  dolores de cabeza que todos los demás juntos. ¡Una gozada! Como si se tratara de una jubilación.

Me queda señalar el título de la tesis: Sociedad Civil: Análisis de la profesionalización de la Dirección en las asociaciones voluntarias. La defendí el 25 de junio de 2012 en la Universidad Rey Juan Carlos, de Madrid. El tribunal la calificó con la máxima nota, apto cum laude. Parte de su contenido ha sido recogido, junto a nuevo texto, en el libro titulado Tú, Yo, Nosotros: un enfoque antropológico de la sociedad civil, y editado por Ediciones Encuentro, de Madrid.

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El Vigia

Empecé en el Gabinete de Investigación de Audiencia de RTVE donde fui uno de los primeros profesionales españoles en investigar audiencias, empleo del tiempo o metodologías de investigación.
A partir de 1991 trabajo en Zenith (que entonces se llamaba Central Media). Zenith es una agencia de medios líder en investigación y eso tiene mucho que ver con mi trabajo y con los excelentes equipos que siempre me han acompañado.

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