El placer de la lectura



Leer es desordenado, disperso y siempre incitante.

El pasado fin de semana leí Una lectora nada común, un libro de Alan Bennett. Una delicia.

Se lee en muy poco rato, pero se disfruta de principio a fin y si a uno le gusta leer, seguro que se ve reflejado en la peripecia personal de la Reina de Inglaterra imaginada por Alan Bennett.

La frase con la que inicio el post es una cita del libro. También lo son los dos párrafos que siguen:

Si le hubieran preguntado si la lectura había enriquecido su vida habría contestado que sí, sin duda alguna, aunque habría añadido con la misma certeza que al mismo tiempo la había vaciado de toda finalidad.

No pones la vida en los libros. La encuentras en ellos.

Casi todo el mes de diciembre y los primeros días de enero los dediqué a leer Las benévolas, de Jonathan Litell, un libro duro sobre el holocausto, los nazis y la Segunda Guerra Mundial, escrito en primera persona, desde el punto de vista de un oficial de las SS. Por momentos llega a ser muy desagradable, pero seguro que refleja una situación que fue real.

También tiene detrás una curiosa historia real: el autor, un americano de Nueva York, que vive en Barcelona, consiguió con esta obra el Premio Goncourt, el más prestigioso de las letras francesas.

Últimamente he leído varios libros relacionados con Japón. Se trata de una serie de casualidades.

Empecé con Norwegian wood, Tokio blues en su versión española, mi primer contacto con Haruki Murakami. Me encantó. Una historia triste en el fondo, pero llena de vida.

Más sencillo resulta La fórmula preferida del profesor, de la escritora Yoko Ogawa, todo un juego sobre las capacidades socializadoras de la matemática elemental.

La elegancia del erizo, de Muriel Barbery, tiene un actor secundario japonés, pero una adolescente francesa fascinada por el manga y la cultura japonesa como una de sus principales protagonistas. Se lee bien.

Otro elemento que se ha repetido en mis últimas lecturas son los deportes típicamente americanos, el beisbol y el fútbol americano, eso que se parece a nuestro rugby, tenían presencia destacada en las dosnovelas japonesas que he citado, pero aún más en La cuarta mano, de John Irving, todo un ejercicio sobre la autonomía de los miembros trasplantados. He leído cosas mejores de este autor, pero me gustó.

En todo caso, si sólo se tiene un rato para leer, vuelvo a mi recomendación inicial: No hay que perderse Una lectora poco común.


0 respuestas a “El placer de la lectura”

  1. Una madre soltera con un hijo de 10 años despierto y sensible asiste a un anciano solitario y enfermo con la memoria debilitada. Una historia con todas las papeletas para convertirse en sensiblera y pringosa que, sin embargo, es convertida sabiamente por la escritora en un homenaje convincente a la amistad, la generosidad y la preocupación por los demás.

    Lo que realmente nos hace felices está al alcance de la mano, parece decirnos, y no tiene nada que ver con las posesiones sino con descubrir al otro y darnos. Y esto se cuenta de una manera amable, sencilla y positiva.

    Pasan pocas cosas pero no aburre en ningún momento. Hay detalles de matemáticas, pero bien traídos y sin ofuscar al no especialista. El anciano tiene una autonomía de memoria de 80 minutos y se pega papeles en la chaqueta (si han visto Memento, de Christopher Nolan, pues eso), pero el amor puede traspasar hasta esa limitación, el amor de su juventud o el afecto por un niño.

    Un libro que recomiendo sin ninguna reserva.

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